Estimado Hugh Hefner: le escribo porque se que me están buscando. Es natural. La noticia de mi estado físico cruzó el Pacífico, filtrándose en su mansión. Y no es para menos. Me siento pleno, listo para que hagan sus apuestas. A días de su merecido retiro, nadie mejor que este querubín para sucederlo. Somos de la misma madera, Hef. Soy de los que prueban el queso antes de pedir la tajada. Siempre me fue bien con las mujeres, a pesar de ellas. Mis compañeras de colegio pueden decirlo. Tuve muchas novias y todas siguen enamoradas, algunas de mi, incluso. Es que nadie regala como yo. Recuerdo cada una de las fechas. Soy letal. El primer beso, aquella pirueta en el jacuzzi, la primera película 3D. Todo con lujos, detalles y sobreimpresos. Y actúo en consecuencia. Hago llegar mis atenciones en todo momento, acompañadas de una 9x13 para que recuerden lo que se pierden. Estoy entero. Me conservo como pepinillos en su frasco. Sus conejitas retozarán de alegría cuando lo comprueben: uso boxer temáticos. Sin embargo, sigo siendo un hombre sencillo. No pido canillas de oro ni colchones César Palace, con una habitación prolija me doy por satisfecho. Eso sí, cerca de la cocina, ya que en las noches la tentación de lo dulce vence mis sueños. Tengo un GPS para las oportunidades y siento que estas líneas sellarán algo que está bordado en su bata: nací para sucederlo. Amo los encuentros a ciegas, la lencería de cuero y los outlet de vibradores. Espero noticias suyas mientras liquido mis cosas aquí en el club. Esta semana me despido del grupo de aquagym. Estas jubiladas serán algo que extrañaré. Abrazo misionero, XL.
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