Sostengo la caja con ambas manos, leo la frase impresa y pienso. Si se deja una bolsita de té en agua caliente durante el tiempo aconsejado, una persona puede
convertirse en escritor, en músico, en padre de familia o incluso algo peor.
Preparando tres infusiones diarias, un ser humano estaría nueve minutos esperando
frente a una taza humeante, lo que supone casi una hora por semana y suman cuatro
horas de espera cada mes. Esta cifra puede ser aún mayor en invierno, aunque hay gente
que toma mucho té en cualquier estación del año e incluso algunos irrespetuosos
lo beben frío.
Esas cuatro horas haciendo té al mes se convierten sin mucho
trabajo y al cabo de un año en dos días enteros mirando una taza, con sol o con
lluvia, da igual. Siempre que el sujeto en cuestión se mantenga atento disfrutando
el reposo, cosa harto improbable salvo una curiosidad mayúscula por las
pequeñas situaciones de la vida, en este caso, ver cómo el color de la hierba
tiñe el agua como un calamar.
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