jueves, 11 de octubre de 2012

Respiro


Llega del trabajo, se cambia de ropa, calienta café. Tuvo un día difícil. No es momento para saber porqué. Vive con su mujer y dos hijos. Los ve felices, como él no lo fue a su edad. Leyó por ahí que la felicidad es sólida y la alegría, líquida. Se sirve un tazón. Hay olores que abrazan. El pasto recién cortado, el agua de río, la piel del cuello de un niño.
Lo ve. El gurí pedalea, pasa una calle, otra, cruza la ruta y atraviesa el bosque. Una nube de gritos lo persigue. Su sonrisa borra todo. Abre los ojos. Aspira hondo. La taza está llena.

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