Llega del trabajo, se cambia de ropa, calienta café. Tuvo un
día difícil. No es momento para saber porqué. Vive con su mujer y dos
hijos. Los ve felices, como él no lo fue a su edad. Leyó por ahí que la
felicidad es sólida y la alegría, líquida. Se sirve un tazón. Hay
olores que abrazan. El pasto recién cortado, el agua de río, la piel del cuello
de un niño.
Lo ve. El gurí pedalea, pasa una calle, otra, cruza la ruta y atraviesa el bosque. Una nube de gritos lo persigue. Su sonrisa borra todo. Abre los ojos. Aspira hondo. La taza está llena.
Lo ve. El gurí pedalea, pasa una calle, otra, cruza la ruta y atraviesa el bosque. Una nube de gritos lo persigue. Su sonrisa borra todo. Abre los ojos. Aspira hondo. La taza está llena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario