Veo una mujer en un andén, abrazada a una maceta. Llora. Las
hojas pinchan su mejillas.
lunes, 19 de noviembre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
Respiro
Llega del trabajo, se cambia de ropa, calienta café. Tuvo un
día difícil. No es momento para saber porqué. Vive con su mujer y dos
hijos. Los ve felices, como él no lo fue a su edad. Leyó por ahí que la
felicidad es sólida y la alegría, líquida. Se sirve un tazón. Hay
olores que abrazan. El pasto recién cortado, el agua de río, la piel del cuello
de un niño.
Lo ve. El gurí pedalea, pasa una calle, otra, cruza la ruta y atraviesa el bosque. Una nube de gritos lo persigue. Su sonrisa borra todo. Abre los ojos. Aspira hondo. La taza está llena.
Lo ve. El gurí pedalea, pasa una calle, otra, cruza la ruta y atraviesa el bosque. Una nube de gritos lo persigue. Su sonrisa borra todo. Abre los ojos. Aspira hondo. La taza está llena.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Rayos
Un collar de cuentas se rompe. Las bolitas picotean las
baldosas. Una lluvia de luces avanza por el pasillo. Algunas huyen por debajo
de la puerta del ascensor. Otras rebotan en las paredes. Duplican su velocidad,
sin rumbo. El joven deja el libro en el asiento, se arrodilla y comienza a
juntar perlas. Una chica aparece corriendo con el hilo en la mano, sosteniendo
el esqueleto de cristal. El joven la mira y sin pensar, cada dos cuentas que recoge
se guarda una en el bolsillo. Avanzan gateando hasta quedar frente a frente. El
le ofrece su mano llena. Ella sonríe. “Sos muy dulce. Cuando llegué aquí, todos
me dijeron que eras un imbécil.” Suenan perlas cayendo por la escalera,
espantadas por ese embrujo.
martes, 7 de agosto de 2012
Botín
Encuentra piedritas clavadas en la suela de su zapato.
Las guarda en una caja con la ilusión de encontrar el camino, algún día.
jueves, 19 de julio de 2012
lunes, 16 de julio de 2012
DEJE REPOSAR
Sostengo la caja con ambas manos, leo la frase impresa y pienso. Si se deja una bolsita de té en agua caliente durante el tiempo aconsejado, una persona puede
convertirse en escritor, en músico, en padre de familia o incluso algo peor.
Preparando tres infusiones diarias, un ser humano estaría nueve minutos esperando
frente a una taza humeante, lo que supone casi una hora por semana y suman cuatro
horas de espera cada mes. Esta cifra puede ser aún mayor en invierno, aunque hay gente
que toma mucho té en cualquier estación del año e incluso algunos irrespetuosos
lo beben frío.
Esas cuatro horas haciendo té al mes se convierten sin mucho
trabajo y al cabo de un año en dos días enteros mirando una taza, con sol o con
lluvia, da igual. Siempre que el sujeto en cuestión se mantenga atento disfrutando
el reposo, cosa harto improbable salvo una curiosidad mayúscula por las
pequeñas situaciones de la vida, en este caso, ver cómo el color de la hierba
tiñe el agua como un calamar.
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