miércoles, 10 de abril de 2013

Blanca


Aquella muchacha hacía unos helados deliciosos. Cubeteras de aluminio iluminadas con vainilla y pecas de chocolate como fichas de dominó. Sentado a la mesa de cármica, el niño esperaba el premio de los viernes mirando al jardín. Algunas tardes, ese laberinto verde lo hacía olvidar el postre. Senderos marcados por pinos con punta roma, que muchas lágrimas y años después reconocería en el cementerio. Canteros perfectos, salpicados de yerberas y olor a lavanda.
En las noche cálidas, podía ver las luciérnagas encendidas para atraer a sus parejas.
Ahora lo fascinan las personas que irradian luz. Mucho más, si le gustan los helados.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Chau


Veo una mujer en un andén, abrazada a una maceta. Llora. Las hojas pinchan su mejillas.

jueves, 11 de octubre de 2012

Respiro


Llega del trabajo, se cambia de ropa, calienta café. Tuvo un día difícil. No es momento para saber porqué. Vive con su mujer y dos hijos. Los ve felices, como él no lo fue a su edad. Leyó por ahí que la felicidad es sólida y la alegría, líquida. Se sirve un tazón. Hay olores que abrazan. El pasto recién cortado, el agua de río, la piel del cuello de un niño.
Lo ve. El gurí pedalea, pasa una calle, otra, cruza la ruta y atraviesa el bosque. Una nube de gritos lo persigue. Su sonrisa borra todo. Abre los ojos. Aspira hondo. La taza está llena.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Rayos


Un collar de cuentas se rompe. Las bolitas picotean las baldosas. Una lluvia de luces avanza por el pasillo. Algunas huyen por debajo de la puerta del ascensor. Otras rebotan en las paredes. Duplican su velocidad, sin rumbo. El joven deja el libro en el asiento, se arrodilla y comienza a juntar perlas. Una chica aparece corriendo con el hilo en la mano, sosteniendo el esqueleto de cristal. El joven la mira y sin pensar, cada dos cuentas que recoge se guarda una en el bolsillo. Avanzan gateando hasta quedar frente a frente. El le ofrece su mano llena. Ella sonríe. “Sos muy dulce. Cuando llegué aquí, todos me dijeron que eras un imbécil.” Suenan perlas cayendo por la escalera, espantadas por ese embrujo.

martes, 7 de agosto de 2012

Botín


Encuentra piedritas clavadas en la suela de su zapato.
Las guarda en una caja con la ilusión de encontrar el camino, algún día.

jueves, 19 de julio de 2012

Aprovechando
que nadie mete cuchara
en el fondo de la taza
se besan dos semillas.

lunes, 16 de julio de 2012

DEJE REPOSAR


Sostengo la caja con ambas manos, leo la frase impresa y pienso. Si se deja una bolsita de té en agua caliente durante el tiempo aconsejado, una persona puede convertirse en escritor, en músico, en padre de familia o incluso algo peor. 
Preparando tres infusiones diarias, un ser humano estaría nueve minutos esperando frente a una taza humeante, lo que supone casi una hora por semana y suman cuatro horas de espera cada mes. Esta cifra puede ser aún mayor en invierno, aunque hay gente que toma mucho té en cualquier estación del año e incluso algunos irrespetuosos lo beben frío.
Esas cuatro horas haciendo té al mes se convierten sin mucho trabajo y al cabo de un año en dos días enteros mirando una taza, con sol o con lluvia, da igual. Siempre que el sujeto en cuestión se mantenga atento disfrutando el reposo, cosa harto improbable salvo una curiosidad mayúscula por las pequeñas situaciones de la vida, en este caso, ver cómo el color de la hierba tiñe el agua como un calamar.