miércoles, 28 de julio de 2010

Minga

No voy a explicarle nada. Dígame por qué vino. Cómo cae así, en este momento. Raro, como todo lo suyo. Quisiera escuchar sus criterios de selección, que imagino los tiene, por lo variopinto de sus elegidos. Le recuerdo que si nos vimos antes fue porque yo me acerqué a usted señora, en citas a ciegas. Claro, usted juega de callada. La que habla es su hermana. Usted usa códigos, manda señales, no es una mujer clara. Le advierto que en ese rubro hay mucha competencia. ¿Sabe qué? Se topó con un tipo seguro. No lo lleva así nomás. Va a tener que taclearme, señora. Y le aviso que de noche no me agarra. Sueño, escribo y brindo. Después juego, apuesto y remo. Míreme a los ojos. Cara de malo. Nunca voy a perdonar que se haya llevado a Kimba cuando este niño tenía 5 años. A ver si entiendo bien. ¿Cae del cielo y pide razones? Yo creo que usted es sorda. Pero ya que pregunta, dígame, es vieja como todos dicen? No contesta, es coqueta. Múestreme que es una guacha y me entrego. Seducime, laburá, no vengas de prepo. ¿Y? No decís nada. Sos un embole. Arrancá vieja fúnebre. Hoy no salgo.

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