viernes, 5 de agosto de 2011

NAS NUVENS

Un asiático lee un libro con ideogramas. Lleva un sombrero de ala y reloj en su muñeca derecha. Es fino y amarillo. El libro también. La pantalla que tengo enfrente muestra una larga fila de gente haciendo cola para subir a la Tour Eiffel. La torre se inclina. Hay turbulencias. Pasan. Sigue el documental de personas dedicadas al mantenimiento del monumento colgadas con arneses. Lavan, pintan, cambian las bombitas, lustran el símbolo atados a la historia. Olor a perfume. Una azafata avanza por el pasillo. Aparece una baguette. Adentro de la torre hay un restaurant. Miro sin audio, es divertido. Me distraigo un minuto y cambia la imagen. Unos muchachos saltan en la nieve sobre una tabla. Es now board. El chino del asiento de adelante cabecea. Tomó vino. Cierra el libro y lo guarda en el bolsillo de una campera color dulce de leche, sin chuño. Funde a negro. Vuelvo a mirar la pantalla. Siguen los videos de oficios. Es interesante ver gente trabajando mientras vas de vacaciones. Unos hacen unas cosas y otros hacemos otras. Habla la azafata. Empezamos a bajar. Oídos sordos. El capitán desea bom fin de semana.No se puede bajar con alimentos, bebidas ni flores. Cierro mi libro. Si me dices ven lo dejo todo…pero dime ven. Allá voy.

jueves, 24 de febrero de 2011

Aquí estoy

Estimado Hugh Hefner: le escribo porque se que me están buscando. Es natural. La noticia de mi estado físico cruzó el Pacífico, filtrándose en su mansión. Y no es para menos. Me siento pleno, listo para que hagan sus apuestas. A días de su merecido retiro, nadie mejor que este querubín para sucederlo. Somos de la misma madera, Hef. Soy de los que prueban el queso antes de pedir la tajada. Siempre me fue bien con las mujeres, a pesar de ellas. Mis compañeras de colegio pueden decirlo. Tuve muchas novias y todas siguen enamoradas, algunas de mi, incluso. Es que nadie regala como yo. Recuerdo cada una de las fechas. Soy letal. El primer beso, aquella pirueta en el jacuzzi, la primera película 3D. Todo con lujos, detalles y sobreimpresos. Y actúo en consecuencia. Hago llegar mis atenciones en todo momento, acompañadas de una 9x13 para que recuerden lo que se pierden. Estoy entero. Me conservo como pepinillos en su frasco. Sus conejitas retozarán de alegría cuando lo comprueben: uso boxer temáticos. Sin embargo, sigo siendo un hombre sencillo. No pido canillas de oro ni colchones César Palace, con una habitación prolija me doy por satisfecho. Eso sí, cerca de la cocina, ya que en las noches la tentación de lo dulce vence mis sueños. Tengo un GPS para las oportunidades y siento que estas líneas sellarán algo que está bordado en su bata: nací para sucederlo. Amo los encuentros a ciegas, la lencería de cuero y los outlet de vibradores. Espero noticias suyas mientras liquido mis cosas aquí en el club. Esta semana me despido del grupo de aquagym. Estas jubiladas serán algo que extrañaré. Abrazo misionero, XL.

miércoles, 23 de febrero de 2011

H20

La canilla gotea cuando no la miro. Tiene pudor de hacerlo en público.

Si el mar tiene espuma de sobra, por qué la escupe en la orilla?

Dos comillas flotan en el agua. Son patos de cuello negro.

Camina por la orilla y ve un molde de plástico tirado en la arena. Tiene forma de corazón. No se anima a agarrarlo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cuatro

Aire

Una niña rubia de moño celeste come un pastel. El hombre le guiña un ojo. Ella lo convida con una sonrisa de chocolate.

Tierra

La hormiga recorre el tercer párrafo rumbo al precipicio de la hoja. Se detiene en el ángulo doblado. Alguien cierra el libro con un golpe seco. La historia cobra una nueva víctima.

Agua

Un pescado de papel pende de un hilo. El viento lo balancea y el bicho, porfiado, boquea en el aire.

Fuego

Dice que mañana alguien va a tener que lavar porque ya no quedan tazas limpias. Que seguro no sea el gordo, que bajará tarde y bostezando. Dice que hay mucha azúcar pegada en el fondo, que el exceso de glúcidos causa obesidad. También que la mujer dejó marcados sus labios de rouge. Al gordo no, al pocillo. Dice que la charla fue larga y que el hombre apagó su cigarro en el líquido. Discutieron, ella saltó como resorte y en dos zancadas estaba en la calle. Dice que el gordo se sirvió una nueva taza, encendió otro mentolado y tiró el humo. Debería soltarlo todo. Dice que llenó de cenizas una caja de fósforos vacía. Que un gota se desprendió de su retina, dobló la rotonda de la mejilla y cayó dentro de la taza. Una plomada que terminó en el fondo. Lo dice la borra del café.

martes, 24 de agosto de 2010

Dulce

Dormir en casa ajena tiene lo suyo. El hombre lo acepta sin más, como el frío de la noche o la última feta de queso pegada a la anterior. Cierra sus ojos y nada. Un rebaño acalambrado cae en el intento. Tiene la cabeza llena de palabras. Algunas intentan huir pero caen asfixiadas en la almohada. Se para y sube la ventana hasta la segunda traba. Ofrece su nuca al viento. Mira a la cama donde su señora duerme pulcra. El recuerdo de su voz lo envuelve. ¨Te pido por favor, evitá hacerlo adelante de todos que estamos de visita. Después quedan migas y provocan reacciones incómodas.¨ Sale al pasillo en penumbras y camina hacia la escalera. Baja despacio, los escalones crujen sin remedio. Va a la cocina y enciende la hornalla. Pone la caldera al fuego y espera que el vapor se eleve. Sirve una taza, sumerge el saquito de té y lo ahorca con su propio hilo. Encuentra el pote en la heladera, rastrea el paquete que lo sedujo esa tarde y un cuchillo. Enfrentado a la mesa, unta una galleta con manteca y en un solo movimiento, la hunde en el azucarero, hasta sacarla totalmente cubierta.

miércoles, 28 de julio de 2010

Minga

No voy a explicarle nada. Dígame por qué vino. Cómo cae así, en este momento. Raro, como todo lo suyo. Quisiera escuchar sus criterios de selección, que imagino los tiene, por lo variopinto de sus elegidos. Le recuerdo que si nos vimos antes fue porque yo me acerqué a usted señora, en citas a ciegas. Claro, usted juega de callada. La que habla es su hermana. Usted usa códigos, manda señales, no es una mujer clara. Le advierto que en ese rubro hay mucha competencia. ¿Sabe qué? Se topó con un tipo seguro. No lo lleva así nomás. Va a tener que taclearme, señora. Y le aviso que de noche no me agarra. Sueño, escribo y brindo. Después juego, apuesto y remo. Míreme a los ojos. Cara de malo. Nunca voy a perdonar que se haya llevado a Kimba cuando este niño tenía 5 años. A ver si entiendo bien. ¿Cae del cielo y pide razones? Yo creo que usted es sorda. Pero ya que pregunta, dígame, es vieja como todos dicen? No contesta, es coqueta. Múestreme que es una guacha y me entrego. Seducime, laburá, no vengas de prepo. ¿Y? No decís nada. Sos un embole. Arrancá vieja fúnebre. Hoy no salgo.

viernes, 23 de julio de 2010

Noticias

Lo empuja pero queda trancado. Vuelve a intentarlo. El muchacho presiona el periódico para deslizarlo por debajo de la puerta y nada. Algo obtura la rendija. Apoya el bolso y se agacha a mirar. Por la línea negra ve el diario del jueves, el del miércoles, el del martes y quizás el del domingo. Raro. Los Morales no desayunan sin noticias. La señora habrá tenido que hablar de algo distinto al clima, probablemente sin resultados. No supo cómo está hoy, ni qué dicen de mañana. Sus planes para el fin de semana se habrán desvanecido, el pollo se pondrá feo en la heladera, el mantel quedará planchado en el segundo cajón. El joven lucha contra sus modales, oprime el timbre y activa su sonrisa de diariero. No hay pasos ni música ni perro. No tienen. Raro. Mira hacia la casa vecina buscando información. Camina sobre sus pasos y pregunta. La señora no ha visto a los Morales desde el domingo en misa. Estaban sentados en su banco, de la mano, trajecito rosa y saco con chaleco. Por qué? Este es un barrio trabajador. Nadie mete sus narices más de la cuenta. Quizás hayan salido o se les rompieron los lentes o cosas por el estilo. De esas que pasan. El muchacho la mira, chequea su reloj y sigue rumbo a la esquina. Piensa en el señor Morales, en sus pronósticos de carreras, su gloriosa propina de fin de año, en la torta de limón de la señora para su cumpleaños. Raro. Entrega los últimos diarios de esa cuadra y vuelve a casa, más pesado que nunca. Almuerza liviano y vuelve a salir. Camina hasta la casa de los Morales y se para a mirar desde la vereda de enfrente. Se toca la pera. Ocupa la tarde en vueltas sin importancia. Lo arrastra la ansiedad hasta que la noche lo abraza. Saltea la cena y el televisor. Se acuesta mirando la humedad del techo y empieza a jugar con sus formas hasta que se duerme. Lo despierta una pesadilla. Dos personas mueren abrazadas dentro de un ascensor. Salta de la cama, se tira dentro de la ropa y corre las cinco cuadras que lo separan del depósito como tromba. Los diarios apilados transpiran tinta fresca. Su mirada trepa la torre hasta pegarse contra el titular. Tampoco están los Morales.